Conocimiento y capital: la hipótesis del Capitalismo cognitivo

 
por María Soledad Córdoba

¿Cómo se relacionan el conocimiento y el capital? ¿Qué rol adquiere el conocimiento en el sistema económico en el que vivimos? Una respuesta a estas preguntas (por supuesto no la única) está dada por la hipótesis teórica llamada del Capitalismo cognitivo, surgida a partir de economistas en las academias francesa e italiana en los albores del siglo XXI.

¿A qué refieren estos dos términos? Capitalismo indica que permanece en la actualidad, como finalidad de la dinámica económica, la obtención de una ganancia y que continúan las relaciones salariales. Cognitivo indica la nueva modalidad predominante de trabajo y de la fuente del valor de las cosas. En esta nueva modalidad de trabajar y del modo en que las cosas adquieren su valor, el conocimiento adquiere un rol central.

Que el conocimiento sea clave para la dinámica de crecimiento económico y el progreso de una sociedad, no es una novedad de nuestros días. Desde la primera revolución industrial, pasando por el fordismo, ese rol ha estado presente aunque se ha ido transformando, adquiriendo cada vez mayor relevancia hasta la actualidad. En los años ochenta, en los países con mayor empuje y peso a nivel mundial, esas transformaciones que venía sufriendo el conocimiento en el marco del sistema económico se ven convulsionadas por dos factores: la revolución de los medios de producción, reproducción, uso y transmisión del conocimiento a partir de las TICs (tecnologías de información y comunicación) y el aumento del capital intangible (formación, educación, investigación y otros bienes inmateriales) frente al tangible (máquinas, bienes muebles o inmuebles, etc.). El sistema económico queda fundado en el conocimiento.

Sin embargo, esta nueva fase de la economía fundada en el conocimiento no debe identificarse exclusivamente con la revolución informática de las TICs. En este sentido, debe considerarse la distinción entre información y conocimiento. universidad y empresaMientras la primera es un recurso, el segundo es el resultado de una capacidad, más específicamente, la capacidad de interpretar, utilizar y transformar la información. Esta capacidad debe, además, considerarse en relación con las necesidades básicas de las relaciones laborales en la actualidad. Por ejemplo, los conocimientos, competencias y habilidades que hoy por hoy debe manejar cualquier empleado de un dado sector productivo, son muy diferemtes a los exigidos para los empleados del mismo sector en los años setenta.

Ahora bien, en cuanto el conocimiento se convierte en un bien (encarnado, por ejemplo, en los saberes de una persona o cristalizado en las funciones y el funcionamiento de una máquina), el mismo es susceptible de ser apropiado. No es menor que una dimensión importantísima de los productos que se fabrican hoy por hoy es la dimensión de la propiedad intelectual (en la forma de marca, patente, derecho de autor, etc.) y, la otra, la competitividad que otorga un conocimiento a los bienes y servicios que se producen. Más conocimiento incorpora un proceso, un bien o un servicio, más competitivo se vuelve el sector productivo en cuestión. El ejemplo del sector agrícola en los principales países productores de commodities de Latinoamérica a partir de la incorporación del conocimiento de la biotecnología es muy claro en este sentido. (+ sobre esto Link a la entrada El desafío del conocimiento…)

¿Cuál es el resultado más relevante de este proceso de transformación del rol del conocimiento en el capitalismo cognitivo? La consolidación de una lógica de intensificación de la innovación, de manera que ésta debe ser permanente para que el sistema económico continúe en pie. La sociedad queda de esta manera fundada en la acumulación de conocimiento, cuyo valor monetario está determinado por las legislaciones de propiedad intelectual que establecen las normas de acceso y explotación para sus aplicaciones. Esta transformación es particularmente evidente en el sector de las llamadas “ciencias de la vida” a partir de los años noventa (biología molecular y genética, biotecnología, bioinformática, etc.). El conocimiento en estas áreas conoce un crecimiento exponencial y los resultados de los descubrimientos en estos campos disciplinarios implican el desarrollo y el lanzamiento en el mercado de nuevos productos farmacéuticos, cosméticos, agropecuarios, alimenticios, etcétera.

En este contexto, los lazos entre ciencia y sistema económico son ya indisolubles. Por un lado, la producción de conocimiento científico constituye el motor del desarrollo tecnológico y del funcionamiento de mercados ofreciéndoles innovaciones de manera permanente; y por otro, tales innovaciones son producidas sólo con el respaldo de fuertes inversiones de capital.

La corriente teórica del capitalismo cognitivo sostiene la especificidad del conocimiento como bien no reductible a mercancía. En otras palabras, cada apropiación de un mismo conocimiento abre la posibilidad de participar creativamente en un nuevo proceso de producción diferente. Ahora bien, si el conocimiento no es pensable fuera de las relaciones en que éste se produce, circula y se transforma, la competitividad de un determinado sector productivo (y con esto digamos, de una empresa que forma parte del mismo) puede plantearse como el resultado, aplicado en procesos y productos concretos, de la comprensión y el manejo de estas relaciones.

 

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