Facilitadores: los espacios Coworking y los nuevos desafíos del mundo del trabajo

 
por María Soledad Córdoba

En Argentina, los espacios de Coworking se han incrementado notablemente desde los 38 que había en 2014 a los 150 que se cuentan en 2019, principalmente concentrados en la Ciudad y Gran Buenos Aires.

Lo primero que salta a la vista cuando se comienza a explorar el mundo de los Cowork es la diversidad de variantes que puede asumir un espacio organizado bajo esta lógica: pueden encontrarse ubicados en un único y amplio piso o ser un edificio entero o, incluso, un conjunto de edificios. Pueden ofrecer cerveza libre, clases de yoga, afteroffices, cuidadores de mascotas u organizar eventos formativos, de capacitación o rondas de negocios. Pueden ser espacios más formales o más descontracturados, más o menos cuidados en cuanto a la decoración y diseño arquitectónico. Pueden ser ambientes más o menos poblados, con más o menos presencia de mujeres, con una franja etaria preferencial bien definida o bien, con diversas edades representadas. Pueden concentrar individuos u organizaciones que trabajen en el mismo sector productivo (temáticos) o en sectores diversificados (genéricos).

Estas numerosas variantes dan cuenta de que esta tendencia global que se observa en el mundo del trabajo no es una propuesta que pueda pensarse desde la uniformidad o la simple lógica del franchising. Los espacios son los territorios de quienes los habitan, con lo cual, asumen las características dadas por los miembros que transitan esos pasillos, se sientan en esas sillas o salen a tomar aire a una terraza. Las preferencias, necesidades y los objetivos que persiguen al querer trabajar allí y no en otro lugar hacen que un espacio igual a otro en términos de equipamiento y oferta de servicios, asuma características específicas. Por eso un after office puede ser un éxito rotundo en un Cowork y un fiasco en otro. Por eso los espacios recreativos pueden presentar alta demanda y ser lugar de intercambios fructíferos o bien encontrarse en desuso casi permanente.

Pero entonces, ¿cuál es la lógica del Coworking? ¿qué lo hace tendencia?

Por un lado está la cuestión económica. En Argentina tenemos una “gimnasia” en superación de crisis socioeconómicas y hemos aprendido a adaptarnos a los cambios de rumbo repentinos. La elección por el Cowork tiene un componente ecónomico que refiere, en particular, al abaratamiento de costos que implica la lógica del plug & play, es decir, el hecho de encontrar “todo listo” para llegar y empezar a trabajar ya, sin tener que pensar en ninguna otra cosa más que en el desarrollo de la propia actividad. Pensemos por ejemplo, en la inversión inicial para proveerse de un espacio de trabajo (en términos de alquiler o compra de una oficina) y del equipamiento necesario (mobiliario, decoración, iluminación, artefactos, servicios de limpieza y de comunicación, como telefonía, internet, etc.). Todo esto se encuentra resuelto en la propuesta del Cowork con contratos sumamente flexibles en términos de qué se necesita (un escritorio libre, una oficina cerrada, una sala de reuniones o un piso entero, etc.) y del tiempo de compromiso tomado (un mes, en lugar de los contratos anuales o bianuales tradicionales de alquiler). Esto facilita (en el sentido que lo hace posible) el acceso a un espacio laboral que no es algo que esté dado o que sea accesible para todo profesional o pyme hoy por hoy.

Coworking - Socializando en la terrazaPor otro lado está la cuestión de la community y del networking. La lógica del Coworking facilita relaciones, y no solamente comerciales, sino también relaciones humanas y sociales. La sociabilidad puede darse como marco de potenciamiento de los negocios o como ámbito de distensión y recreación. El compartir y el cohabitar puede tomar distintos sentidos para quienes se mueven en estos espacios, puede asumir una identidad, en la forma de una comunidad con sentido de pertenencia, o bien facilitar los nexos y las conexiones entre sectores, posibilitando la creación de sinergias dentro del mismo espacio o la inserción en redes hacia fuera del espacio del Cowork.

Por último está la cuestión de la lógica del capitalismo contemporáneo en la que esta tendencia se inserta. El capitalismo contemporáneo exige un alto nivel de compromiso y el trabajador adaptado exitosamente al sistema económico actual es un individuo que se autogestiona: maneja su tiempo, sus energías y sus contactos de manera autónoma e independiente, aunque no por ello menos subordinada a la lógica de reproducción del capital. Son sujetos conscientes de sí mismos que eligen libremente entregar su vida al trabajo. La vida privada y la vida laboral ya no se presentan como dimensiones separadas e incompatibles en la vida de los individuos, las fronteras o son más bien porosas, permitiendo la circulación y el intercambio entre los distintos ámbitos, o bien tienden a disolverse, recombinando personas, cosas y espacios. En este contexto, el Cowork y sus características (accesibilidad, flexibilidad, sociabilidad) facilita la adaptación a este nueva lógica o espíritu (como lo llaman los filósofos) del capitalismo contemporáneo.

En definitiva, los Cowork más que como espacios pueden pensarse desde una lógica de la facilitación: son facilitadores de negocios, de relaciones, de sociabilidades. Facilitan procesos, dinámicas y sinergias entre personas, aunque no siempre en el mismo sentido, ni con el mismo objetivo, o con los mismos resultados.

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