Ciencia y empresa: un problema de comunicación

 
por Marcos Buccellato

Hace ya varias décadas Jorge Sábato (físico argentino) afirmaba que para que fuera posible el desarrollo de un sistema técnológico autónomo en un país, se requería de tres actores principales: las instituciones científicas, el estado y el mundo de las empresas (esto se conoce como el triangulo de Sabato).  Si cualquiera de estos actores estaba ausente el desarrollo científico-tecnológico era inviable y se generarían una dependencia externa con otros paises.  En nuestro país, hemos tenido diferentes vaivenes, los tres actores siempre estuvieron presente en mayor o menor medida. Lo que estuvo casí siempre ausente fue la interacción y la cordinación entre las partes.

Hace un tiempo atrás, en una entrevista a un referente de la nanotecnología local, llamemos lo Dr. Pink, nos contó varias anecdotas que reflejan esta problemática. En primer lugar estaba el tema de las patentes ¿ de quien es el conocimineto científico? Para un científico es claro: el conocimineto es de todos. Sobre todo si pensamos que gran parte del desarrollo científico local es pagado por el dinero de los impuestos. Pero que algo sea de todos no es incompatible con la idea de la patente, de hecho puede ser lo contrario, y gracias a las patentes es que se puede usufructuar un desarrollo particular. Sin entrar en detalles ni polémicas respecto al tema de la propiedad intelectual, es claro que al menos es un tema importante. Sin embargo, nos contaba el Dr. Pink,  cuando el tuvo que interactuar con el estado nacional allá por el 2013, el CONICET no tenía abogados especializados en el tema. Fue con mucho esfuerzo que pudo trabajarse un entendimiento entre el estado nacional, el instituto de investigación, las diferentes entidades públicas involucradas y los inversores privados.  Queda claro que sin entender como funciona las patentes es difícil poder usufructuar los aportes de la ciencia y probablemente alguien más, acaso fuera de nuestro país, aproveche este trabajo. Los notorio es que todos los involucrados estaban haciendo su trabajo correctamente, los científicos investigando, el estado creando instituciones públicas y financiando y los privados intentando desarrollar productos y hacerlos dinero.

En otro caso, una importante empresa cosmética internacional, tenía que hacer un desarrollo para uno de sus productos. Por casualidad, la esposa de nuestro interlocutor  trabajaba en esta empresa y le comentó el problema a su marido. Esté se dió cuenta que había un científico local que podía dar una solución innovadora al problema, por lo cual decidió hacer el vínculo entre la empresa y este último, llamemoslo Dr. Green. La empresa mando a un empleado, el Sr. Brown, de alto rango desde Shangai a hablar con el Dr. Green, luego de un par de semanas de intenso estudio este último les hizo una demostración exitosa de la técnica necesaria para desarrollar el producto.  Muy contento el Sr. Brown comunicó los resultados a sus superiores: llovieron felicitaciones, se habló de ascensos, festejaron a lo grande.  Pero vino el momento de los números. Brown, ya armando sus valijas y listo para marchar rumbo a oriente, le pregunta a Green cuanto cobraría implementar esto en 6 meses. EL Dr. Green se acomodo sus lentes, miro el piso y puso cara de concentración, luego de unos breves  instantes contesó casi como preguntando: Mil Dolares …(¿?). Brown lo miro sin saber si le hablaba en serio; Un desarrollo tan importante, fruto de tantos años de investigación ¿solo mi dolares?  Green entre sonriente y preocupado le pregunta a Green en que basa su estimación, a lo que este contesta: “No te puedo cobrar más, mi sueldo lo paga el estado y este es mi trabajo. Por otro lado este es un conocimineto público y disponible para todo el que pregunte”. Brown se puso pálido, agradeció a Green y se volvió para Shangai pensando como les iba a decir a sus superiores que en realidad, si bien técnicamente Green era impecable y la técnica era innovadora y funcionaba a la perfección, no había forma de proteger el desarrollo futuro de los competidores (Green estaba dispuesto a contarle a quien le preguntara los detalles del proyecto) ni forma de estimar los costos reales de implementación (claramente, era poco realista el presupuesto de 1000 dolares).

Estos son sólo un par de ejemplos que muestran algunos cortocircuitos que se dan entre la investigación científica académica y el mundo de las empresas.  Pero no es solo esto, existen una infinidad de prejuicios y desconfianza recíproca entre empresarios y científicos. Anti-Industry Pro Industry BiasDesde aquellos que piensan, como el Dr. Green, que la ciencia es para todos (que lo es) y por eso cualquier resultado o uso de la misma debe estar disponible para cualquiera (lo cual no se desprende de lo anterior) o por el otro lado aquellos empresarios que piensan que no hay que “gastar” dinero en investigación científica que no sirve para nada (para el que sospeche que esto es así puede leer este artículo).  Actualmente el porcentaje de inversión privada en ciencia es mínimo en relación a los países desarrollados y las economías más pujantes.  Desinteres, prejuicios y desconocimiento son las plagas que aquejan a la interacción entre ciencia y empresa.  Lamentablemente si no superamos estos problemas jamas podremos alinear los intereses de los actores sociales para el desarrollo nacional.  ¿que pasa cuando esto no ocurre? La inversión en ciencia local es aprovechada por interéses externos, como muestran las generosas becas, puestos y ofertas económicas a nuestros científicos locales o, como ilustra la historia de Green y Brown, las inversiones nos esquivan y se van a otro lado.

¿Que hacer entonces? Lo que debemos hacer es cambiar nuestra forma de pensar(nos) en relación a la ciencia, dejar de pensar que la ciencia es un “gasto” y verla como una inversión, y desde el mundo académico no pensar que trabajar para la industria es “venderse” o “lo que se hace para poder comer mientras se hace ciencia”.  ¿Cómo empezar este cambio? el mejor camino es el diálogo y el conocimiento. Para esto se requieren dos cosas, en primer lugar espacios de interacción entre academia e industria (charlas, encuentros, congresos, proyectos experimentales, etc.)  y por otro lado, y mas importante aún, un lenguaje común para poder interactuar. Se necesita poder traducir los intereses de empresas en proyectos de investigación y, al mismo tiempo, se necesita que el oscuro lenguaje académico sea traducido en terminos que todos puedan entender.  Lamentablemente para que esto ocurra se requiere un esfuerzo tripartito, por un lado los empresarios deben comenzar a buscar en la ciencia respuestas y oportunidades, por otro lado los científicos tienen que abrir la ciencia a la sociedad, y trabajar junto al resto de los actores sociales, pero por sobre estos dos actores, debe haber un estado que facilite la comunicación, que brinde los medios para esta interacción, que incentive el trabajo conjunto y garantice el desarrollo científico.

Como pensaba el Dr. Green, la ciencia es de todos, pero para que así sea debe estar al alcance de todos y responder a las necesidades de todos los actores sociales. La ciencia no es algo oscuro encerrado en claustros y laboratorios, se construye en base a la interaccion de todos y es primordial que los científicos lo entiendan. Informar, divulgar y trabajar sobre temas que estan en relación con el mundo social en el que viven es parte de la responsabilidad del científico. Esto no quiere decir que no se deba investigar cosas como agujeros negros, materia oscura,  las costumbres del siglo XVII o la literatura del siglo XII, lo que esto implica es que los científicos tiene la obligación de comprometerse con los otros actores sociales, divulgar, educar y buscar activamente el rol de su saber dentro de la sociedad.   Por oto lado, sin empresarios comprometidos dispuestos a “invertir” (en oposición a “gastar”) en ciencia, cualquier esfuerzo se vuelve trunco.  Hay que entender que sin el apoyo del estado no hay desarrollo científico y tecnológico, pero sin empresarios que entiendan que tienen que estar dispuestos a arriesgar e innovar  buscando respuestas y oportunidades en la ciencia local, tampoco.

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